No todas las puertas tienen que soportar lo mismo. Para elegir una solución adecuada, primero debes mirar qué ocurre en ese acceso: si circulan personas, carros o maquinaria; cuántas veces se abre durante la jornada; si estará expuesta a golpes, humedad o lavados frecuentes; y cuánto espacio tienes disponible.
También debes considerar cómo quieres que funcione. Una puerta puede necesitar apertura automática, retorno controlado, mirilla para mejorar la visibilidad, una o dos hojas según el ancho del vano o materiales preparados para las condiciones de higiene de una cocina industrial.
La puerta correcta es la que responde a la combinación de todas esas condiciones. Por eso, antes de elegir un modelo, conviene definir el tipo de flujo, frecuencia de uso, nivel de impacto, condiciones de lavado, requerimientos de seguridad y características del acceso.